Dejar ir

jueves, 9 de junio de 2016 - Publicado por Tere MGomez
Termino de leer la entrada de una chica que conocí hace unos cuantos años y me doy cuenta que nada a cambiado.
La conocí aquí, mientras ella escribía y yo la leía. Mientras yo escribía y ella me leía. Y ella sigue perdida y yo también, y ella escribe para no olvidarse, y yo también.  Aunque ya no sabemos de consistencia.

Yo antes de este blog, tenía uno dónde estaban mis angustias, mis amores, mis desamores cuando tenía 16. Lo borré, por un instante al leer a mi amiga, me arrepentí. Después lo dejé ir.
Hay que dejar ir. Pero eso es otra historia.

Hace unos meses llegó a la puerta de mi casa una cachorra; era blanca con manchas negras y café, muy delgada y con la cola cortada. Le di de comer, pero no pude convencer a mi mamá de quedarnos con ella, aún así le seguí dando de comer, lo que provocó que tuviera problemas con los dueños del edificio dónde vivo, pero la perrita se quedó, ahí, afuera de mi puerta. Traté de darla en adopción pero nadie la quiso. Creció, le salieron sus dientes, engordó, dejó de tener miedo salir de la calle, de su nuevo hogar. Se hizo amiga de los otros perros que vivían fuera de mi puerta, con ella eran cinco.
La mordieron, la cuidé, la curé y cada cierto tiempo la bañaba, aunque jamás duraba más de tres horas limpia porque jugaba con sus nuevos amigos, o se echaba en la banqueta.

La llamé Sam, aunque ella nunca respondió a ese nombre. Siempre me brincaba cuando salía de mi casa, me acompañaba a tomar el camión, la combi, el taxi, lo que fuera. Me acompañaba cuando iba al mercado o al doctor. Me cuidaba y yo a ella.

Hace tres días llegué de casa de mi novio en taxi, aún había algunos padres de familia sobre la calle, porque por si no sabían, vivo frente a una escuela. Pase por la calle y vi a Sam, estaba sentada viendo a los adultos ir y venir, tranquila, con sus ojos juguetones y con la lengua de fuera. Dudé en decirle al taxi que se detuviera pero pensé:"En un rato la veo, siempre está afuera de mi casa".

No sabía que era la última vez que la vería.

Sam lleva tres noches sin venir a dormir a la puerta de mi casa. No sé si buscarla, no sé si está bien, si alguien la recogió o si le pasó algo malo. Hoy salí a buscarla pero fue inútil, si quiera creo que esté perdida.

Ella siempre regresaba, aunque fuera lejos llegaba a dormir. Sabía el camino, sabía que la esperaba. Sabía que yo no la dejaría.

La extraño, la extraño ladrándole a los señores que pasan en bicicleta, y moviendo la cola cuando me veía. La extraño jugando con mi perrita más chiquita y peleando con la más grande. La extraño mordiendo los envases dónde le servía agua. La extraño acompañándome a todos lados. La extraño en la puerta de mi casa.