Lección 1

miércoles, 5 de agosto de 2015 - Publicado por Tere MGomez
A veces las personas sólo necesitan un "Buenos días" para darse cuenta que el emisor de esas palabras también es humano.

Cada mañana tengo que subirme al aerotrén, un pequeño tren que va de la Terminal 1 a la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Tengo que transportarme en él porque trabajo en un programa vacacional que ayuda a los pasajeros a no perder sus vuelos, y al mismo tiempo me ayuda a adelantar horas de mi servicio social, pero ese no es el punto.

Hoy por la mañana se subió junto a mí un piloto, era de estatura medía y tenía el cabello canoso, pero si alguien me hubiera preguntado, yo le habría calculado menos de 50 años. El amigo que me acompañaba me preguntó inesperadamente: "¿Los aviones se encienden como los autos, con una llave?".

"No sé, pregúntale al piloto". Y él lo hizo, "Señor, bueno días..." empezó diciendo. El piloto nos miro con una sonrisa y se quitó el kepí dejándolo sobre su maleta antes de contestar. "Claro, es esta que tengo aquí", nos señalo una pequeña llave colgada de su cuello junto a la credencial que le permite acceder al aeropuerto.

Hablamos con él piloto poco menos de 5 minutos, lo que tarda el aerotrén en viajar de terminar a terminal. Tiempo suficiente para saber que tenía más de 30 años siendo piloto (por lo cual deduje que tenía más de 50 años y no como yo había pensado), que su momento favorito de su trabajo es ver los amaneceres o los atardeceres, que el aeropuerto más lindo para él es el de Paris y que para volar un avión, sí, sólo se necesita una llave universal.

Llegamos al aerotrén y nos despedimos del piloto amablemente pero muy rápido. Eso no quitó que mi amigo y yo llegáramos a nuestra oficina alegres de nuestro recién conocimiento adquirido. El coordinador, es decir, nuestro jefe, quien iba con nosotros en el vagón pero no se acercó mientras hablábamos con el señor, nos llamó: "Jamás había hablado un piloto con alguno del programa", nos dijo.

No entendí bien cuál era el punto de ese comentario en un principio, no era regaño, y en cualquier caso, no habría el por qué a una sanción. Pero no tardé mucho en comprender. A los pilotos siempre se les puede ver con una pequeña maleta negra detrás de ellos, caminando entre los pasillos a paso firme y sin mirar a persona alguna que pase a su lado. No hablan más que con otros pilotos o aeromozas, se les ve siempre serios y de alguna forma extraña representan alguna autoridad con aquel uniforme impecable y su kepi bien puesto.

Pareciera en este imaginario dentro del aeropuerto, los pilotos son personas arrogantes, que si intentas hacer contacto con ellos serás tratado de forma inferior, porque pareciera, un piloto está más cerca del cielo que cualquiera de nosotros, y eso, merece respeto.

Quizá lo que sucede, es que la curiosidad de las personas no ha llegado al punto de atravesar estas barreras sociales que nosotros solos nos inventamos, y que por ellas, dejamos de conocer miles de mundos distintos al nuestro. O quizá lo que sucede, es que simplemente hemos dejado de desearle un "buen día" a nuestro igual.