Sin poder fluir

sábado, 12 de julio de 2014 - Publicado por Tere MGomez
Hojear libretas viejas es un acto de inconsciente valentía. 
Nunca se sabe las palabras escritas que puedes encontrar.

Hace unos días estaba buscando una hoja limpia (sin garabatos) en un cuaderno viejo, para hacer un acordeón de Inglés. Encontré la hoja, sí, pero con ella me enfrenté con los más horribles recuerdos: los amorosos.

Confesaré que mi inmadurez en asuntos amorosos me ha llevado a tener acciones no muy acertadas en antiguas relaciones, pero recordar esos momentos en los cuales me sentía más enamorada que cualquier princesa de Disney es agradable, nostálgico y retrospectivo. 

No negaré que me dolió ver aquellas palabras, dibujos y pensamientos en una libreta tan vieja como mis vivencias.Pero, ¿cómo saber que el pasado pasó? 

Estaban ahí, tan vivas, palabras, sentimientos, momentos... y sin embargo, ni una puta prueba de que habíamos existido. No pude evitar pensar en aquella canción: "Tuvo de eternidad lo que dura la vida en las moscas..."

Tenemos esta constante, y bien lo dijo Heráclito: "En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos". 

¡Fluimos!

Fluimos, cambiamos, nos transformamos, y jamás, jamás somos los mismos. ¿Entonces, por qué nos aferramos tanto a lo eterno? 

No me refiero solamente al imaginario sobre las relaciones en pareja en el que estamos inmersos. Es un todo, incluso queremos que aquel chocolate que tanto nos gusta dure lo más posible, y lo comemos tan lento que pareciera, es un pedazo del metal más valioso. ¿O miento?

¡Vamos! Si quiera el Universo es eterno. Y no es reclamo para ustedes, es para mí. Soy yo, y no ustedes (espero) los que siguen queriendo que algunas cosas duren más de lo que deberían, ¿Y saben en qué me ha resultado? En degradar lo maravilloso que alguna vez fue a una total mierda. 

No sé ponerle fin a muchos asuntos, es cierto. Pero cuando lo logró, dejan de existir en mi ahora. Es por eso que después de ver esos pensamientos en mi libreta, supe que finjo no existir en esos recuerdos, sólo porque el otro ya no recuerda esa existencia.

Y a pesar de todo lo dicho antes, sigo aferrándome a esa existencia.




Indicios

jueves, 3 de julio de 2014 - Publicado por Tere MGomez
Soy mala en los inicios, soy mala en la constancia y definitivamente, soy horrible en los finales de mi vida. Pero aquí estamos de nuevo. Tratemos de hacerlo divertido.
Cuando quieres escribir sobre un tema, en la escuela te enseñan a preguntarte: ¿Qué es lo novedoso que tú me ofreces? ¿A quién le va a interesar lo que escribes?

¡Puta madre!

¿A quién le interesa un blog personal? ¿Qué se escribe en uno?
Hace aproximadamente dos años yo tenía un blog, en esta plataforma y con el mismo correo. Era divertido y relajante; claro, la mayoría de sus posts hablaban de mis conflictos "adolescenticos"; escribía pensamientos, algunos rimaban y otros no; era mi escape y aprendí a ser anónimo con mis letras.
En esos tiempos, pensaba que la intención de un blog personal era comunicarle mi vida al mundo no existente de la web, pero no.
Dos años después sigo siendo tan incoherente y contradictoria como aquella adolescente que le preocupaba elegir una licenciatura, sigo siendo inmadura y aún pienso demasiado en todo (sí, soy muy intensa). Sigo escribiendo cuando me enamoro y cuando me rompen el corazón.
Dos años después descubrí que si de novedoso se trata, un blog personal nunca lo será realmente. Pero sí puedes (y creo fielmente que esa es su finalidad) conectarte con otras personas, conocerte, identificarte y sonreír. Un blog como este debe contener (para mí) una esencia, la mía. Mis críticas más absurdas y mis pensamientos más superfluos. Porque al final, un blog personal es eso, lo que sólo le pertenece al escritor, sus pensamientos. Y si resulta novedoso o no, depende de quien esté del otro lado del monitor.
Por eso lo vuelvo a intentar, por mi ser narcicista que quiere sentirse influyente e interactuar, porque escribiendo se sabe y te sabes. Y porque quizá, sí tengo un qué para decir.