Ser.

miércoles, 22 de junio de 2016 - Publicado por Tere MGomez
Llevo meses sin escribir de verdad. Llevo meses sin leer un libro. Llevo meses sin cantar esas canciones que me hacían feliz. Llevo meses sin saber que soy, si sigo siendo.

Tenía un ex novio que decía: "ya tendrás tu crisis de los 21". Y ahora tengo 21, aunque nunca le creí del todo. No es que no quiera leer, sólo no logro hacerlo. No es que no quiera escribir, es que me aterra la hoja blanca. Llevo meses sin oír mi música favorita porque simplemente me olvido de ella, parece que me olvido de mí.

Quizá la temible crisis de los 20 existe, y me ha llegado. 

A veces tengo miedo de dejar de escribir y un día, realmente dejar de hacerlo para siempre; o peor, dejar de escribir con coherencia y volverme como cualquiera de mis compañeros de facultad. Por eso empiezo de nuevo esto: escribirme, aunque nadie me lea, aunque a nadie le importe.  

y quizá sólo así
vuelva a ser. 

Dejar ir

jueves, 9 de junio de 2016 - Publicado por Tere MGomez
Termino de leer la entrada de una chica que conocí hace unos cuantos años y me doy cuenta que nada a cambiado.
La conocí aquí, mientras ella escribía y yo la leía. Mientras yo escribía y ella me leía. Y ella sigue perdida y yo también, y ella escribe para no olvidarse, y yo también.  Aunque ya no sabemos de consistencia.

Yo antes de este blog, tenía uno dónde estaban mis angustias, mis amores, mis desamores cuando tenía 16. Lo borré, por un instante al leer a mi amiga, me arrepentí. Después lo dejé ir.
Hay que dejar ir. Pero eso es otra historia.

Hace unos meses llegó a la puerta de mi casa una cachorra; era blanca con manchas negras y café, muy delgada y con la cola cortada. Le di de comer, pero no pude convencer a mi mamá de quedarnos con ella, aún así le seguí dando de comer, lo que provocó que tuviera problemas con los dueños del edificio dónde vivo, pero la perrita se quedó, ahí, afuera de mi puerta. Traté de darla en adopción pero nadie la quiso. Creció, le salieron sus dientes, engordó, dejó de tener miedo salir de la calle, de su nuevo hogar. Se hizo amiga de los otros perros que vivían fuera de mi puerta, con ella eran cinco.
La mordieron, la cuidé, la curé y cada cierto tiempo la bañaba, aunque jamás duraba más de tres horas limpia porque jugaba con sus nuevos amigos, o se echaba en la banqueta.

La llamé Sam, aunque ella nunca respondió a ese nombre. Siempre me brincaba cuando salía de mi casa, me acompañaba a tomar el camión, la combi, el taxi, lo que fuera. Me acompañaba cuando iba al mercado o al doctor. Me cuidaba y yo a ella.

Hace tres días llegué de casa de mi novio en taxi, aún había algunos padres de familia sobre la calle, porque por si no sabían, vivo frente a una escuela. Pase por la calle y vi a Sam, estaba sentada viendo a los adultos ir y venir, tranquila, con sus ojos juguetones y con la lengua de fuera. Dudé en decirle al taxi que se detuviera pero pensé:"En un rato la veo, siempre está afuera de mi casa".

No sabía que era la última vez que la vería.

Sam lleva tres noches sin venir a dormir a la puerta de mi casa. No sé si buscarla, no sé si está bien, si alguien la recogió o si le pasó algo malo. Hoy salí a buscarla pero fue inútil, si quiera creo que esté perdida.

Ella siempre regresaba, aunque fuera lejos llegaba a dormir. Sabía el camino, sabía que la esperaba. Sabía que yo no la dejaría.

La extraño, la extraño ladrándole a los señores que pasan en bicicleta, y moviendo la cola cuando me veía. La extraño jugando con mi perrita más chiquita y peleando con la más grande. La extraño mordiendo los envases dónde le servía agua. La extraño acompañándome a todos lados. La extraño en la puerta de mi casa.




Cordura

jueves, 19 de noviembre de 2015 - Publicado por Tere MGomez
Tengo un cúmulo de mierda atravesado en mitad de mi cordura.

Error: espiar en el pasado ajeno.
Si no pasó en tu año, no te hace daño, dicen. ¿Pero y si si me hace daño? ¿Y si sigue pasando "en mi año"?
Algo aprendí de mi pasado, no hagas lo mismo con tu presente, y no lo hago. No digo las mimas palabras, ni tengo los mismo modos, ni las mismas actitudes, ni tengo chistes locales con dos personas completamente ajenas ¿por qué él sí?

¿Será que nuestro lenguaje es tan limitado que no tenemos sinónimos suficientes para nombrar de forma distinta a nuestros amores a lo largo de nuestra vida?

Pues si es así, que lenguaje tan misero, y que poca imaginación la que nos guardamos en nuestros sentimientos.


Histeria 1

miércoles, 23 de septiembre de 2015 - Publicado por Tere MGomez
Mi madre me recibió esta noche con una cerveza en el refrigerador. Mis meses corren más rápido que un río y me di cuenta que he sido muy inconstante en mi vida. He dejado este blog de lado cuando realmente tengo ganas de continuar escribiendo lo que sea que tenga que escribir aquí. Entonces es cuando recuerdo todo lo que ha pasado en estos meses.

Me enferme como ocho mil veces mientras sobrevivía a mi feo horario de servicio social, me acostumbré a mi servicio social y a ver a mi novio como se debe solo los fines de semana. En ocasiones creo que mi relación amorosa va muy en serio pero me gusta. Tanto como me gusta mi licenciatura mientras no se trate de publicidad. Y en fin, la vida es eso, ideas, todas entrelazadas sin orden alguno entre infinitos amaneceres. Entre las hojas que debo leer y mis ganas de dormir

Y es cuando recuerdo que debo seguir escribiendo. 



Lección 1

miércoles, 5 de agosto de 2015 - Publicado por Tere MGomez
A veces las personas sólo necesitan un "Buenos días" para darse cuenta que el emisor de esas palabras también es humano.

Cada mañana tengo que subirme al aerotrén, un pequeño tren que va de la Terminal 1 a la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Tengo que transportarme en él porque trabajo en un programa vacacional que ayuda a los pasajeros a no perder sus vuelos, y al mismo tiempo me ayuda a adelantar horas de mi servicio social, pero ese no es el punto.

Hoy por la mañana se subió junto a mí un piloto, era de estatura medía y tenía el cabello canoso, pero si alguien me hubiera preguntado, yo le habría calculado menos de 50 años. El amigo que me acompañaba me preguntó inesperadamente: "¿Los aviones se encienden como los autos, con una llave?".

"No sé, pregúntale al piloto". Y él lo hizo, "Señor, bueno días..." empezó diciendo. El piloto nos miro con una sonrisa y se quitó el kepí dejándolo sobre su maleta antes de contestar. "Claro, es esta que tengo aquí", nos señalo una pequeña llave colgada de su cuello junto a la credencial que le permite acceder al aeropuerto.

Hablamos con él piloto poco menos de 5 minutos, lo que tarda el aerotrén en viajar de terminar a terminal. Tiempo suficiente para saber que tenía más de 30 años siendo piloto (por lo cual deduje que tenía más de 50 años y no como yo había pensado), que su momento favorito de su trabajo es ver los amaneceres o los atardeceres, que el aeropuerto más lindo para él es el de Paris y que para volar un avión, sí, sólo se necesita una llave universal.

Llegamos al aerotrén y nos despedimos del piloto amablemente pero muy rápido. Eso no quitó que mi amigo y yo llegáramos a nuestra oficina alegres de nuestro recién conocimiento adquirido. El coordinador, es decir, nuestro jefe, quien iba con nosotros en el vagón pero no se acercó mientras hablábamos con el señor, nos llamó: "Jamás había hablado un piloto con alguno del programa", nos dijo.

No entendí bien cuál era el punto de ese comentario en un principio, no era regaño, y en cualquier caso, no habría el por qué a una sanción. Pero no tardé mucho en comprender. A los pilotos siempre se les puede ver con una pequeña maleta negra detrás de ellos, caminando entre los pasillos a paso firme y sin mirar a persona alguna que pase a su lado. No hablan más que con otros pilotos o aeromozas, se les ve siempre serios y de alguna forma extraña representan alguna autoridad con aquel uniforme impecable y su kepi bien puesto.

Pareciera en este imaginario dentro del aeropuerto, los pilotos son personas arrogantes, que si intentas hacer contacto con ellos serás tratado de forma inferior, porque pareciera, un piloto está más cerca del cielo que cualquiera de nosotros, y eso, merece respeto.

Quizá lo que sucede, es que la curiosidad de las personas no ha llegado al punto de atravesar estas barreras sociales que nosotros solos nos inventamos, y que por ellas, dejamos de conocer miles de mundos distintos al nuestro. O quizá lo que sucede, es que simplemente hemos dejado de desearle un "buen día" a nuestro igual.




La arrepentida

martes, 4 de agosto de 2015 - Publicado por Tere MGomez
Ya hace un año de mi último intento de escribir aquí. Ya hace un año que olvidé escribir, y escribirme.

Tengo un golpe de nostalgia e iniciativa que me hacen escribir esto, ahora, cuando tengo mis pies fríos y debería alistarme para ir a mi servicio social mañana temprano. Pero no importa, ahora no quiero más, sólo esto, mis letras.

Leí mis últimas dos entradas y me parecieron bofos, con demasiados puntos y comas, y con mi ser impregnado en ellos. Creo que nunca podré aceptar que tuve una antes a mí, miles de yo detrás, mi eterna sombra.

 ¿Cómo soportan los escritores leerse y aguantar esa tentación de modificar lo escrito? ¡Es una tortura! Porque editarlo, mejorarlo, es un sacrilegio. No puedes modificar lo que fuiste, porque ya no serías. ¿Y entonces qué?
Te pierdes

Por eso me he esforzado por dejar intactas a mis antiguas entradas, con todo y mis falsas promesas y mis ya sentimientos muertos. Porque sin aquella chica de sueños volátiles no sería hoy esta chica de sueños volátiles.

Por eso me he esforzado por ser constante en esto que un día dije, amaba. La escritura.

Y si vuelvo a fallar, por favor, no regresen.

Sin poder fluir

sábado, 12 de julio de 2014 - Publicado por Tere MGomez
Hojear libretas viejas es un acto de inconsciente valentía. 
Nunca se sabe las palabras escritas que puedes encontrar.

Hace unos días estaba buscando una hoja limpia (sin garabatos) en un cuaderno viejo, para hacer un acordeón de Inglés. Encontré la hoja, sí, pero con ella me enfrenté con los más horribles recuerdos: los amorosos.

Confesaré que mi inmadurez en asuntos amorosos me ha llevado a tener acciones no muy acertadas en antiguas relaciones, pero recordar esos momentos en los cuales me sentía más enamorada que cualquier princesa de Disney es agradable, nostálgico y retrospectivo. 

No negaré que me dolió ver aquellas palabras, dibujos y pensamientos en una libreta tan vieja como mis vivencias.Pero, ¿cómo saber que el pasado pasó? 

Estaban ahí, tan vivas, palabras, sentimientos, momentos... y sin embargo, ni una puta prueba de que habíamos existido. No pude evitar pensar en aquella canción: "Tuvo de eternidad lo que dura la vida en las moscas..."

Tenemos esta constante, y bien lo dijo Heráclito: "En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos". 

¡Fluimos!

Fluimos, cambiamos, nos transformamos, y jamás, jamás somos los mismos. ¿Entonces, por qué nos aferramos tanto a lo eterno? 

No me refiero solamente al imaginario sobre las relaciones en pareja en el que estamos inmersos. Es un todo, incluso queremos que aquel chocolate que tanto nos gusta dure lo más posible, y lo comemos tan lento que pareciera, es un pedazo del metal más valioso. ¿O miento?

¡Vamos! Si quiera el Universo es eterno. Y no es reclamo para ustedes, es para mí. Soy yo, y no ustedes (espero) los que siguen queriendo que algunas cosas duren más de lo que deberían, ¿Y saben en qué me ha resultado? En degradar lo maravilloso que alguna vez fue a una total mierda. 

No sé ponerle fin a muchos asuntos, es cierto. Pero cuando lo logró, dejan de existir en mi ahora. Es por eso que después de ver esos pensamientos en mi libreta, supe que finjo no existir en esos recuerdos, sólo porque el otro ya no recuerda esa existencia.

Y a pesar de todo lo dicho antes, sigo aferrándome a esa existencia.